A pocos días de la famosa celebración de Halloween algunos padres me han pedido una reflexión al respecto y ahí va.

Por Manuel Hurtado, sdb.

No están claros los inicios de esta celebración. Por un lado, se dice que tenían que ver con una fiesta pagana irlandesa que indicaba al final del verano y, a la vez, se afirma que tienen que ver con un aspecto religioso muy concreto relacionado con el descanso de los muertos.

Lo que sí está claro es que la palabra Halloween, como tal, procede de la expresión inglesa All Hallow’s Eve, que significa “Víspera de Todos los Santos”. La fiesta de Halloween es celebrada durante la noche del 31 de octubre, víspera del Día de Todos los Santos (fiesta tradicionalmente cristiana católica), feriado religioso en algunos países.

Se creía que esa noche los espíritus de los difuntos caminaban entre los vivos, y se realizaban fiestas y ritos sagrados que incluían la comunicación con los muertos. Además, era habitual colocar una vela encendida en las ventanas para que los muertos encontrasen su camino.

Esta es una tradición primordialmente celta, por lo que se celebra en países anglosajones como Irlanda, Canadá, Australia, Inglaterra y Estados Unidos, teniendo éste último la mayor difusión mediática y cultural de la fiesta, debido a la transmisión de usos y costumbres de los inmigrantes irlandeses.

Por tanto, lo primero que debemos decir es que no se trata de algo que tenga que ver con nuestra cultura, sino con una cultura completamente ajena a la nuestra que se ha colado de rondón fruto de la insistencia mediática americana, sobre todo.

Hace poco el padre Fortea hacía unas declaraciones con las que coincido en su mayoría.

“En sí misma, -dice Fortea- la celebración de esta fiesta tal como era hace cien años, doscientos años, no tenía nada de malo, y mucho menos en una sociedad tan cristiana como era la norteamericana hace 50 años se reducía a disfrazarse y a visitar las casas, nada más. En esta época los disfraces eran muy inocentes y bondadosos. Uno se disfrazaba de zanahoria, otro de sheriff, otro de bombero, no había nada de malo. Lo que pasa es que hace ya unos decenios, esta fiesta empezó poco a poco a tomar unos aspectos más relativos a la brujería, a cosas de tipo escabroso, y los disfraces ya no eran disfraces inocentes, sino que cada vez eran disfraces más sangrientos, que tenían que ver con lo gore o con la brujería”.

Así que no podemos decir taxativamente que disfrazarse de muerto en Halloween sea malo, ciertamente es muy desagradable utilizar un disfraz monstruoso, lleno de sangre, de vísceras y de cicatrices. No sé qué le vemos a eso de bonito y tampoco es moralmente neutro.

Yo creo que el sentido común es el que debe guiarnos en todas estas cosas. No creo que sea bueno, porque no es educativo, seguir celebrando la fiesta de Halloween. No porque sea malo en sí, sino porque sigue por unos derroteros muy negativos que no sabemos dónde van a acabar.

Prefiero seguir celebrando la fiesta de todos los Santos. Más allá de que es nuestra propia tradición cultural y, por supuesto, nuestra tradición religiosa, es que resulta que es mucho más educativo para nuestros chicos ponerles como modelo y referencia alguien que ha sido capaz de vivir una vida llena de Dios y tender constantemente al bien, a lo bueno; que proponerles modelos de muertos vivientes sangrantes y monstruosos…

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